PUEBLO

La mirada debe ser advertida de que se le ofrece una delicia de pintura. Se justifica el apercibimiento porque la pintura de Santiago Morato está hecha de pequeños primores, de orfebrerías de color diseminadas por la superficie de un tesoro de veladuras y matices en cada fragmento de los cuadros, Los espacios que ocupa esta pintura son breves y están llenos de cosas y las cosas están llenas de variados colores. U los colores se crecen en refinadas tonalidades que van descansando unas en otras para que nada grite y todo viva en este festejo inusitado para que luego pincel les dé fisonomía. Cada cuadro ha sido pintado poco a poco, con recreo y sin que la pintura golosa de matices deje un espacio libre de cuidados.

Sus temas van de un realismo interpretado a un imaginado realismo que asocia en el mismo gozo de la pintura a criaturas muy dispares y extrañas.

Santiago Morato ha llegado a este modo de hacer donde yo creo que ha encontrado para su talento de pintor, un rico festín de posibilidades agotando otras experiencias, incluso la abstracta, que hoy nutren su pìntura sin condicionarla y ese largo ejercicio, que tuvo sus asientos y desasientos de rigor se apoyó siempre en un dibujo espléndido.

De todo eso nace esta pintura que es un júbilo de expresividades minuciosas y que debe ser visto así minuciosamente, porque hay siempre y de ahí parte mi advertencia inicial, un más adentro de luz en cada forma que crea esta pintura.

M. García Viñolas
mayo 1974

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